¿Por qué un salario básico de $570 o $650 podría disparar la informalidad al 80% o más en Ecuador?

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Elevar el salario básico a $570 y $650, como se ha propuesto en medio del paro nacional, significaría informalidad, más cierres de negocios y menos oportunidades reales de trabajo.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), la mitad de los ecuatorianos con algún tipo de empleo gana apenas $432 al mes, mientras que el salario promedio nacional se ubica en $483,4. Esto es consecuencia directa de que solo el 35% de la Población Económicamente Activa (PEA) tiene un empleo formal o adecuado; el resto, que suma más de 5,8 millones de personas, sobrevive en la informalidad o el desempleo.

Como ya analizó LA HORA, Ecuador es un país donde despedir a un empleado cuesta más que crear trabajo. Según el Banco Mundial, las leyes laborales son tan rígidas y los costos laborales tan altos en relación con la productividad, que el país figura entre los más caros del mundo para contratar y liquidar empleados.

Aun así, en medio del paro indígena que ya supera un mes, Marlon Vargas, presidente de la Conaie, exige que el salario básico suba por decreto o por solo voluntad del Gobierno de turno a $650, mientras que el jurista Ramiro García, expresidente del Colegio de Abogados de Pichincha y exdecano de Jurisprudencia de la Universidad Central, propone fijarlo en $570 como compensación por el retiro del subsidio al diésel decretado por el Gobierno de Daniel Noboa.

“Así como alzan los precios de los combustibles, pues el sueldo de los servidores públicos, de los maestros, de todos los pueblos del Ecuador, tiene que ser pues de $650 el sueldo básico”, dijo Vargas luego de una reunión del movimiento indígena en la Amazonía.

Por su parte, García, planteó: “¿Queremos mantener la eliminación del subsidio al diésel, pero dialogar sobre medidas estructurales que permitan distribuir adecuadamente las cargas del ajuste? Empecemos por revisar los salarios de los trabajadores. Mi propuesta es subir el salario mínimo a $570”.

La exigencia, de acuerdo con Andrés Rodríguez, economista, puede conectar con una demanda social legítima, que es tener mejores ingresos, pero tropieza con un principio básico de economía: los salarios no se decretan, se producen.

“Si se decretan o imponen de espaldas a la realidad económica del país, una subida de salarios sin sustento podría disparar la informalidad y el desempleo de más del 60% actualmente a más del 80% de la Población Económicamente Activa”, acotó.

¿Por qué los salarios en Ecuador son bajos?

La razón no está en la “avaricia empresarial”, sino en algo más estructural: la baja productividad.

Según datos del Banco Mundial y la OCDE, un trabajador ecuatoriano produce, en promedio, menos de la cuarta parte de lo que produce uno chileno y menos del 10% de lo que genera uno estadounidense o suizo.

En términos simples: cada hora de trabajo en Ecuador crea mucho menos valor económico, por lo que las empresas no pueden sostener salarios más altos sin quebrar o perder competitividad.

La productividad depende de varios factores:

  • Inversión en capital físico y tecnológico: maquinaria, innovación y digitalización.
  • Calidad del capital humano: educación técnica, formación laboral, salud.
  • Entorno empresarial: infraestructura, acceso al crédito, estabilidad institucional.
  • Estructura económica: qué sectores predominan (extractivos, servicios, manufactura, tecnología).

Ecuador, con una economía concentrada en actividades de bajo valor agregado y fuerte presencia de microempresas, enfrenta un techo de productividad muy bajo. Por eso, subir salarios por decreto no crea riqueza, solo redistribuye la pobreza.

Como ya analizó LA HORA, solo 1 de cada 10 empresas en Ecuador, de acuerdo con datos del INEC, registra ventas reales. Es decir, la mayoría del tejido productivo del país es de supervivencia.

A pesar de ser las más numerosas, 1’057.635 que representa el 90% del total, las microempresas solo generaron el 0,82% de las ventas en 2024, es decir, algo más de $1.800 millones.

Si esas empresas tienen que pagar de un momento a otro más sueldo a sus trabajadores, simplemente la mayoría desaparece.

Con un sueldo básico de $650, el costo total, es decir, incluyendo décimos y otros beneficios de ley, será de más de $830 al mes.

¿Por qué no basta con “bajar utilidades” para pagar más sueldos?

Uno de los argumentos más repetidos es que para pagar más sueldos, “los empresarios solo deben reducirse sus márgenes o ganar menos”. En una economía donde más del 90% de las empresas son micro o pequeñas, con márgenes de ganancia reducidos o nulos, pedir que los empresarios “ganen menos para pagar más” es inviable.

“En la mayoría de los casos, esos negocios ya operan al límite: los costos de producción, la carga tributaria y la inestabilidad macroeconómica impiden absorber un salto salarial sin consecuencias”, dijo María José Freire, economista especializada en desarrollo productivo.

El economista estadounidense Edward Lazear (NBER) resume la lógica: “Existe un vínculo directo y claro entre productividad y salarios. No hay aumentos salariales sostenibles sin aumentos de productividad”.

De hecho, los países que tienen sueldos altos, como Suiza, Estados Unidos, Alemania, no los deben a decretos, sino a economías capaces de generar más valor por trabajador. Su alto capital humano y tecnológico les permite pagar más porque producen más.

Ecuador, sin embargo, va en contravía de lo que el Nobel acaba de premiar en 2025 sobre las bases del crecimiento económico moderno basado en la libertad científica, libertad económica y la competencia real.

El efecto búmeran del populismo salarial

Los pedidos de Vargas y García suenan bien políticamente, pero aplicarlos sin un respaldo productivo podría profundizar el desempleo y la informalidad. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), subir el salario mínimo de forma desproporcionada en economías con alta informalidad tiende a aumentar la desigualdad, porque las empresas más pequeñas y menos productivas no pueden pagarlo y empujan a sus trabajadores fuera de la formalidad.

En Ecuador, donde más del 60% de la fuerza laboral es informal, un salto del salario básico a $570 o $650 no significaría un aumento real del ingreso promedio, sino una reducción del número de empleos formales. Las empresas simplemente contratarían sin registrar, reducirían personal o trasladarían la carga a precios e inflación.

“Es decir, se generaría un efecto inflacionario tres a cuatro veces mayor al de la eliminación del subsidio al diésel; y además se dispararía la informalidad”, acotó Freire.

La contradicción amazónica: pedir más salario y menos inversión

Vargas exige, a la par de un salario básico más alto, el fin de la explotación minera y petrolera en la Amazonía, una posición ambientalmente comprensible, pero económicamente contradictoria.

El sector extractivo representa una parte crucial del ingreso fiscal y la inversión extranjera en Ecuador. Sin esos recursos, el Estado tendría menos capacidad para financiar obras públicas, educación, salud y programas sociales, y para sostenerlos tendría que sacar más dinero, vía impuestos u otros mecanismos, a las empresas y al sector productivo privado
Cerrar la puerta a la inversión minera o petrolera, al mismo tiempo que se reclama salarios básicos más altos, reduce el margen fiscal y de crecimiento económico que haría posible, en el futuro, esos salarios. Es una paradoja: pedir más ingresos sin generar más riqueza.

Economías como Costa Rica o Uruguay lograron aumentar salarios reales sin decretos, ni imposiciones desde la política:

  • En Costa Rica, la apuesta fue por la educación técnica, atracción de inversión extranjera y exportaciones de alto valor agregado (tecnología, farmacéutica).
  • En Uruguay, la formalización laboral y la negociación colectiva por sectores permitieron alinear incrementos salariales con productividad.

En ambos casos, el salario creció porque creció la economía y la productividad, no al revés.

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