Dentro del acuerdo con el FMI, el Gobierno planea emitir $4.800 millones en bonos entre 2026 y 2028, pero eso solo será viable si logra “ahogar la deuda con crecimiento” y consolidar finanzas públicas sanas.
Ecuador se prepara para un regreso desafiante a los mercados financieros internacionales. Según el acuerdo vigente con el Fondo Monetario Internacional (FMI), entre 2026 y 2028 el país buscará emitir $4.800 millones en bonos soberanos: $1.300 millones en 2026, $1.500 millones en 2027 y $2.000 millones en 2028.
Pero la gran pregunta es: ¿es viable? Con una deuda pública que ya supera los $80.000 millones, el equivalente al 62% del PIB (datos incluidos en la proforma 2025), y con una economía que crece menos de lo que necesita, el camino es cuesta arriba.
José Abel DeFina, docente universitario con experiencia en finanzas corporativas y bancarias, y desarrollo de negocios, lo resume sin rodeos: “Un país como el Ecuador tiene un nivel de deuda extraordinariamente pesado si lo comparas con su PIB. Está alrededor del 70%, lo cual estaría casi dentro de los países más endeudados del mundo”.
El problema no es la tasa de interés (Ecuador paga un promedio de 5,26% de interés por su deuda) ni los plazos de pago —el promedio de vencimientos es de 12 años—, sino el bajo dinamismo económico. Cada año, el Estado debe destinar casi $10.000 millones (casi $6.000 millones en vencimientos de capital y más de $4.000 millones en intereses), una suma que, según DeFina, coloca al país “prácticamente al borde de la insolvencia”.
En sus palabras, “lo primero que tiene que hacer el Ecuador es ahogar la deuda en crecimiento”. DeFina retoma incluso una frase de un exsecretario del Tesoro de Estados Unidos: “Vamos a sobrecrecer la deuda”. La idea es simple: si la economía crece más rápido que la deuda, el peso relativo se reduce, se abarata el financiamiento y se abre la puerta al retorno a los mercados internacionales.
¿Qué necesita Ecuador para volver a emitir bonos en los mercados internacionales?
Para emitir bonos soberanos desde 2026, el país debe cumplir con dos condiciones básicas, según DeFina: “Lo primero es crecimiento, lo segundo es tener finanzas públicas sanas.”
Mientras no haya señales de que la economía ecuatoriana pueda expandirse de manera sostenida (no solo por el rebote de un año), los inversionistas internacionales exigirán tasas muy altas por el riesgo de impago. “Si usted le presta a alguien que está al borde de la insolvencia, lógico es que pida un rendimiento mucho mayor sobre su inversión para cubrir el riesgo”, explica.
Hoy, el riesgo país de Ecuador ronda los 760 puntos básicos, lo que significa que paga más de 7% adicional en intereses frente a lo que obtiene Estados Unidos (en total más de 12% o 13%). Esto lo coloca muy lejos de países vecinos como Uruguay, Perú o Chile, que mantienen riesgos entre 100 y 200 puntos.
Más gasto para justificar más deuda
La reciente proforma presupuestaria 2025 del Gobierno de Daniel Noboa no ayuda a cambiar la percepción de que la economía no crece y la deuda pesa más. El gasto proyectado se eleva a $40.000 millones, incluyendo $3.200 millones adicionales en salud y educación y todo el servicio de deuda pública. Sin embargo, como advierte DeFina, “ejecutar no es codificar”. Es decir, muchas veces el Estado registra gasto que no llega a materializarse.
Ese mayor gasto tiene un efecto adicional: justificar más endeudamiento. En 2025, la deuda interna crecerá en $2.800 millones y el Gobierno incluso contempla entregar activos estratégicos como el campo petrolero Sacha o la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair para obtener liquidez inmediata.
El riesgo, según DeFina, es que “nos estamos endeudando más para seguir tapando huecos, pero no para que la economía crezca”.
El fantasma del populismo fiscal
La estrategia, además, puede derivar en un peligroso terreno: el populismo. El Gobierno ha incrementado bonos sociales y subsidios con el objetivo de “calmar las calles”, lo que, en palabras de DeFina, puede convertirse en “la peor forma de populismo, que es el clientelismo”.
Ese tipo de gasto asistencial tiene réditos políticos inmediatos, sobre todo en años de elecciones o consultas populares, pero no genera empleo ni crecimiento sostenible. “Eso no hace que el país esté en el sendero de ser solvente, sino que reproduce un modelo de economía extractiva y dependiente, donde los ingresos externos no se traducen en bienestar interno”, dice el catedrático.
La conclusión es clara: Ecuador puede volver a emitir bonos en los mercados internacionales desde 2026, pero no en condiciones favorables mientras siga atrapado en bajo crecimiento y déficit fiscal crónico.
El verdadero desafío no está en conseguir los $4.800 millones que exige el FMI, sino en construir una economía lo suficientemente sólida para que ese financiamiento sea sostenible. Como sentencia DeFina: “El problema no es de recortes o refinanciamiento de la deuda. El problema es que la economía no tiene el tamaño adecuado para soportar el nivel de deuda que tenemos actualmente.” (JS)
¿Es buen o mal negocio emitir bonos de deuda?
Emitir bonos en los mercados internacionales no es un buen negocio para Ecuador desde el punto de vista financiero. José Abel DeFina lo explica con claridad: “Cuando uno va al mercado internacional a emitir bonos, no lo hace porque financieramente es lo que dicta el libro de texto de finanzas, sino porque es algo que le está exigiendo el Fondo Monetario Internacional para diversificar el riesgo.”
En otras palabras, los organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial ya no tienen tanto espacio para seguir prestándole al país. Por eso, empujan a Ecuador a buscar recursos adicionales en otras fuentes, incluso si son más costosas.
El problema es que el costo de esos bonos es considerablemente más alto. “Los multilaterales van a prestarle al Ecuador dinero más barato que lo que va a conseguir en el mercado internacional”, advierte DeFina. A esto se suma que los plazos que ofrecen los inversionistas privados no son mejores: mientras el FMI puede reestructurar y extender vencimientos, los bonos internacionales suelen estar sujetos a condiciones más duras.







