«Imbabura queda dividida luego del paro»: Jorge Torres Vinueza

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Tras el paro de más de un mes en Imbabura, la provincia enfrenta ahora un escenario de reacomodo político y social, donde la relación entre el Estado, los movimientos indígenas y la ciudadanía exige nuevas formas de diálogo y gobernabilidad. Eso cree el académico de la Universidad Técnica del Norte (UTN), Jorge Torres Vinueza.

Redacción IMBABURA

El paro que mantuvo paralizada a Imbabura durante más de un mes no solo dejó pérdidas económicas y daños materiales, sino también una serie de efectos políticos y sociológicos que marcan un punto de inflexión en la provincia.

La prolongada protesta prácticamente reconfiguró las relaciones entre el Estado, los movimientos sociales y la ciudadanía, generando nuevas lecturas sobre el poder territorial y la representación política.

En este contexto, Jorge Torres Vinueza, sociólogo e investigador de la carrera de Psicopedagogía de la Universidad Técnica del Norte (UTN), analiza con LA HORA las implicaciones políticas que deja este proceso en la gobernabilidad, la cohesión social y la forma en que Imbabura se enfrenta ahora a una reconstrucción más allá de lo palpable, con una evidente falta de liderazgos locales.

P. ¿Cómo describiría el clima social que deja el paro en Imbabura?

Siempre este tipo de actividades, este tipo de manifestaciones que tienen que ver con la política, generan una crisis considerable.

Obviamente habrá gente que está a favor o en contra, pero consideraría yo que en los últimos tres paros, estamos hablando del 2019, 2022 y este del 2025, se ha tenido, digamos, ciertos favoritismos. O sea, la sociedad un poco se fragmenta en opiniones, donde siempre han sido opiniones elevadas, subidas de tono, pero particularmente esta última protesta sí ha sido mucho más desgastante.

P. ¿Qué rasgos cree que diferencian este paro del ocurrido en años anteriores en el país?

Estamos hablando de que a diferencia del 2019 y 2022, el Gobierno, particularmente el Presidente, sí tiene un apoyo considerable. En paros anteriores no se tenía un buen criterio de los presidentes que estaban en ese momento.

Además, pienso que la población ya siente que los paros son una fórmula repetida en este momento, que ya no tiene mucho respaldo, mucho apoyo, entonces esta manifestación política tiene una carga negativa bastante considerable.

Sin embargo, considero que el Gobierno tal vez no imaginó que esto se iba a alargar, sobre todo, por el discurso y el tono. A veces se veía que estaban muy convencidos de que esto lo iban a superar en 15 días o incluso menos que los anteriores paros.

P. ¿Qué tipo de heridas o tensiones sociales suelen quedar tras procesos tan largos de movilización?

Emergieron resentimientos de lado y lado. Incluso, el movimiento indígena maneja mucho el perfil del resentimiento como una manera de avivar las protestas.

En términos desde la sociología y sobre todo la ciencia política, se apela justamente a veces a los resentimientos para poder dar una fuerza; pero yo creo que aquí el Gobierno también utilizó lo mismo con esta idea de que no dejan trabajar.

P. Dentro de esos resentimientos, durante el paro se evidenciaron expresiones de rechazo y discriminación. ¿Qué lectura hace de esa reacción social?

Me pareció bastante fuerte el recrudecimiento de cierto mensaje racista, un poco cargado de odio, entre los dos grupos; lastimosamente esto fue a raíz de las dos estrategias que tuvieron las partes.

El paro es para generar desgaste del Gobierno, pero también el Gobierno aplicó lo mismo. Entonces, no sé hasta qué punto fue favorable para el Gobierno.

P. En ese desgaste, ¿quién perdió más: Gobierno o movimientos indígenas?

Creo que el Gobierno perdió menos que el movimiento indígena.

P. ¿Cómo analiza la estrategia del Gobierno para enfrentar el paro y no perder?

Creo que no tuvo una estrategia política, sino que fue una estrategia militar. Usó incluso al quitarles el valor simbólico de Quito y replegarse hasta Latacunga, desde donde se mostró ofensivo, con la fuerza, la firmeza.

Eso, de hecho, en cierta medida se veía incluso cuando viajaba el presidente, la vicepresidenta, los convoyes, con una carga fuerte de efectivos militares.

Hay ciertas premisas que suelen decir que la guerra es la política por otros medios; pero aquí se revierte: la política es lo militar o estas acciones son lo político, pero con otros medios.

Incluso debemos fijarnos en la imagen del ministro John Reimberg vestido como policía, el presidente con chaquetas militares, donde se quiere dar esta imagen de que ellos están liderando. El movimiento indígena prácticamente como un objetivo militar, como un enemigo.

Justamente esta idea de generar un enemigo interno, que ya estaba planteado en la política de seguridad, hizo que la gente y muchas personas que estaban de acuerdo con el Gobierno se sumen a esta idea de que sí están contra contra los terroristas, como se denominó al movimiento indígena. Esto, pese a que no hay evidencias de que en realidad están ellos vinculados o financiados por el terrorismo.

P. ¿Y la estrategia del movimiento indígena?

Hubo la falta de cálculo del movimiento indígena y particularmente acá en Imbabura, donde no tuvieron el apoyo que ellos esperaban a nivel nacional.

P. ¿Cómo analiza los desgastes internos que tuvo el movimiento indígena y particularmente sus líderes, que muchas veces fueron desconocidos por sus bases?

En esto también está en parte algo que creo que provocó el Gobierno, que se adelantó mucho a buscar aliados o a buscar otros grupos o territorios dentro del mundo de la Conaie.

Pero se está notando está falta de liderazgo central de la Conaie, porque el paro de 2019 permitió que tuvieran un candidato emergente que casi llega a ser presidente, que fue lo máximo que lograron en ese momento conquistar.

Yo no sé hasta qué punto también el Gobierno era consciente de que habían estos quiebres internos, pero en todo caso estamos viendo que en este momento lo que tiene que hacer ser tanto la Conaie como la izquierda en general es restablecer la confianza de base.

P. Dentro de los liderazgos locales, ¿cómo ve que no hubo una persona que sea capaz de mediar o de coordinar los diálogos?

Lastimosamente yo pienso que se han ido quemando algunos actores y vemos que hace falta una renovación.

Esto es culpa de los movimientos políticos que no lo han hecho. El sistema ha permitido que simplemente ciertos personajes, ciertas personas, ciertos líderes, hayan terminado quemados o siendo parte del Gobierno.

Además hay una crisis de coordinación política, liderazgo político.

P. ¿Cómo podrían las bases de Imbabura de todos los sectores empezar a gestionar este aparecimiento de nuevas figuras?

Es desesperante porque ya debería estar pasando. Debería estar pasando porque cada vez se nos vienen encima los procesos electorales. Son más rápidos.

Pero primero esto tiene que ser una demanda ciudadana. Ahora creo que también el paro puede ser una oportunidad, porque tal vez mucha gente se dio cuenta que nadie solucionó esto. Esa es una muestra de que sí se necesita un liderazgo de una persona que sea capaz de entender y de generar el diálogo, la confianza entre todos o la mayoría de sectores sociales.

Yo espero que por estos eventos la gente tome conciencia.

También hay una exigencia de que los movimientos políticos se abran, que siempre estén activos, que no abran las puertas solamente en elecciones, elegir a los más probos y capacitados… porque ese es el otro problema: ponen a cualquiera.

P. En definitiva, ¿cómo cree que queda Imbabura social y políticamente después del paro?

Queda dividida. Entre quien está a favor del presidente y quién no está a favor. Yo creo que eso es lo central, porque ya estamos frente a la consulta popular.

Estamos en crisis política, porque nos dimos cuenta de que los gobiernos autónomos descentralizados no tienen fuerza.

Por eso es que la política tiene que revalorizarse. La política es el diálogo, no solo se refiere a los partidos. (FV)

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