El proceso para las elecciones seccionales se torna inusual en Ecuador y, en medio de esa situación, algunas organizaciones políticas cuestionan al Gobierno. Pero, ¿qué implica ser y hacer oposición?
Las actuaciones del Gobierno de Daniel Noboa y de algunas instituciones públicas, como el Consejo Nacional Electoral (CNE), no gozan de la entera confianza de todas las organizaciones políticas.
En los últimos días, el órgano electoral se ganó más críticas a raíz de la modificación del calendario y del adelanto de las elecciones que serán el 29 de noviembre de 2026.
Pero no basta con lanzar cuestionamientos al Gobierno de turno para estar en el lado de la oposición, hay que ser más profundos, explica Simón Pachano Holguín, doctor en Ciencias Políticas.
Pachano nació en Ambato. “La edad no es importante”, menciona el politólogo y profesor emérito de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso Ecuador). Actualmente se encuentra fuera del país.
También es autor de varios libros sobre democracia, partidos políticos y sistemas electorales. Los más recientes son:
- La utopía reaccionaria, radiografía del relato correísta (2023).
- Giro político y democracia en Sudamérica y Ecuador (2021).
Además, es colaborador en varios medios de comunicación. “Mantuve una columna semanal en Diario El Universo, desde 1998 hasta febrero de 2026”, indica.
P. En Ecuador hay 17 organizaciones políticas de ámbito nacional, pero solo la Revolución Ciudadana (RC) destaca como principal crítica del Gobierno, ¿se constituye como la mayor oposición?
He insistido, desde hace mucho tiempo, que en Ecuador no existen partidos políticos propiamente dichos. Hay corrientes de opinión, tendencias electorales fuertes como la RC, sin duda la más fuerte, o la del noboísmo (ADN). Pero ninguno de los dos es un partido propiamente. No tienen una organización verdaderamente estable, con militantes registrados, que se reúnan frecuentemente en sus respectivas localidades, elijan a sus autoridades internas en cada localidad y a nivel nacional, tengan asambleas, discutan principios y políticas. Ninguno de esos partidos tiene eso, quizá con excepción del antiguo MPD (Movimiento Popular Democrático, hoy Unidad Popular, en proceso de cancelación en el CNE), que sigue los cánones marxistas y que tiene cierta organicidad. Pero el resto no tiene ninguna organización, por lo tanto, son movimientos, son pequeñas expresiones de la ciudadanía y lo que más pueden hacer es competir en elecciones locales. Independientemente del calificativo que tienen en la ley ecuatoriana, que es una tontería el diferenciar entre partidos y movimientos por el simple registro, no se puede decir que hay verdaderamente partidos políticos. Incluso, ninguno de esos dos (RC y ADN) tiene una ideología clara que se materialice en políticas concretas. Los dos tienen un componente populista muy fuerte que hace que en un día tengan un tipo de políticas y en otro día otro tipo. Son además movimientos personalistas. En el momento en que no estén esas dos personas que les dan forma, Rafael Correa y Daniel Noboa, esos movimientos se acaban.
P. Si no existen partidos políticos, ¿tampoco hay una oposición real en el país?
Hay una oposición que es el correísmo, en este momento. Esa es una oposición clara. Anteriormente, me refería a que la RC no constituye una organización institucionalizada, pero es una oposición y tiene la segunda fuerza en la Asamblea Nacional.
P. ¿Y al resto de organizaciones políticas se las puede catalogar como oposición?
En algunos momentos toman posiciones de oposición, pero también hay quienes bailan de un lado al otro. Por ejemplo, Pachakutik (PK), que nació como un movimiento orgánico que respondía al movimiento indígena, llegó al Congreso y fue negociando sus votos al mejor postor, al que mejores condiciones le da para instalarse en el escenario político. Es un reflejo de lo que sucede, prácticamente, con todas las organizaciones políticas. Lo mismo ocurrió con el Partido Social Cristiano (PSC). Al inicio de este periodo democrático, en 1981, empezó como una oposición fuerte al gobierno de Jaime Roldós y al de Osvaldo Hurtado, con una propuesta que supuestamente era neoliberal. Pero cuando llegó al Gobierno con León Febres Cordero, en 1984, hizo todo lo contrario a lo que planteaba e impulsó un Gobierno de populismo abierto. Luego fue negociando con unos y con otros. Son organizaciones que juegan a un populismo del momento y eso podemos decir de casi todas, quizás las que menos cayeron en eso fueron el MPD, posiblemente la Izquierda Democrática (ID) y la Democracia Popular (de centro derecha, hoy extinta) porque trataron de mantenerse como partidos ideológicos dando un giro en los años noventa, pero no les fue bien. Seguramente a la ciudadanía ecuatoriana no le gusta la definición ideológica clara y tal vez quiere otra cosa.
P. ¿Las organizaciones políticas y sectores sociales que sobreviven desde la época del correísmo no aprendieron a ser oposición, son coyunturales?
Sí y eso puede tener dos explicaciones:
- La primera: La política ecuatoriana, debido a todas estas razones (lo mencionado anteriormente), se convirtió en una política de corto plazo, es decir, que las cosas tienen que funcionar ya. Entonces las organizaciones políticas toman la decisión que les conviene en ese momento para situarse y ganar votos para lo que sea.
- Y, la segunda: La ciudadanía busca, dando casi palos de ciego, a personas que le representen y elige a quienes no tienen ninguna trayectoria política, que no tienen experiencia, que no pueden asegurar un gobierno adecuado, sea en el nivel nacional o en el local, y que se juega a ver qué pasa. O eligen a las personas por su presencia, porque es guapa o guapo, baila o canta bien, cualquier cosa. La ciudadanía también tiene responsabilidad en eso.
P. En estas circunstancias, ¿cómo ser una verdadera oposición en Ecuador?
En este momento, es más importante que las organizaciones políticas traten de presentar propuestas adecuadas para el país para el desarrollo económico, para el bienestar social, para consolidar las instituciones políticas. Es decir, que hagan propuestas políticas reales. No es solamente hacer oposición en el sentido de criticar, sino que además de cuestionar lo que está mal, tener propuestas claras para el desarrollo del país, de a dónde queremos que vaya y que sean viables, no demagógicas. Pero ese es el problema, este inmediatismo de la política. El hacer esos planteamientos no da votos. Quienes hacen planteamientos de fondo, programáticos, se quedan fuera. Por ejemplo, lo que pasó con algunos candidatos, de diferentes orígenes políticos, que hicieron eso. En la última contienda (elecciones presidenciales de febrero de 2025) Henry Cucalón iba por el lado de presentar propuestas, de ir a cuestiones de fondo. ¿Qué obtuvo? Menos del 1% de la votación. La ciudadanía no quería eso. Antes de él, hubo personas que hicieron lo mismo como César Montúfar para la Alcaldía de Quito (en 2019) y para la Presidencia de la República (en 2021); y como Paco Moncayo, para la Presidencia de Ecuador (en 2017), hizo propuestas con contenido y perdió las elecciones. Tenemos que ver también hacia el votante ecuatoriano, ¿qué es lo que quiere, que le solucione el problema del alcantarillado de su calle y con eso se queda tranquilo, aunque no funcione la economía y no le importa lo que suceda con el narcotráfico?
P. Si las organizaciones políticas y la ciudadanía mantienen el mismo comportamiento, ¿es difícil que la situación política cambie?
Sí, porque las dos cosas van de la mano. El cambio en la ciudadanía, debe ser más responsable con su voto. Y el cambio de las organizaciones políticas, que tengan más conciencia de que deben presentar propuestas alternativas, viables, de fondo, no simplemente de algo pequeño. Esas cosas son buenas para ganar una elección, pero no para gobernar.
P. ¿Las organizaciones políticas podrían ser mejores opositores de aquí hasta las elecciones seccionales (noviembre de 2026) o hasta las presidenciales (del 2029)?
Soy muy pesimista, creo que no, ni para esta elección ni para la de presidente y Asamblea. Creo que no se verá un cambio. No se ve una acción ciudadana que diga: vamos por acá y mucho menos de las organizaciones políticas.
P. ¿Qué hace falta para impulsar esos cambios y haya una verdadera oposición?
- Se necesita que haya organizaciones políticas, que no hay en este momento, que funcionen como tal, que discutan internamente, que formulen idearios políticos, que hagan trabajo con la gente.
- Se necesita que la ciudadanía tome conciencia.
- Se necesita que en las redes sociales se difunda contenido de este tipo. Ese es el mejor termómetro de lo que sucede no solo en nuestro país. Hay un problema generalizado.
La democracia está en riesgo en todos los países del mundo, pero más en América Latina. Las redes sociales son terribles por el nivel de liviandad e irresponsabilidad, de falta de rigor, de creer en lo primero que llega, de creer en cosas que son absurdas. Todo eso lleva a que la ciudadanía actúe de una manera poco responsable con el país, con la política, que es la conducción del país.







