La ausencia de restricciones para circular en autos, el crecimiento del parque automotor y la alta dependencia del vehículo provocan que sábados y domingos también se registren fuertes congestiones en la capital. Hay la interrogante: ¿Pico y placa para fines de semana?
Durante años, muchos quiteños asociaron los fines de semana con calles más despejadas y desplazamientos más rápidos. Sin embargo, esa percepción está lejos de la realidad. En varias avenidas de la capital, especialmente alrededor del mediodía, el tráfico de sábado y domingo puede ser incluso más intenso que el de los días laborables.
Especialistas en movilidad advierten que el fenómeno responde a una combinación de factores: el crecimiento acelerado del parque automotor, la ausencia de restricciones de circulación durante el fin de semana y una fuerte dependencia del vehículo privado para actividades de ocio, compras o visitas familiares.
De acuerdo con el especialista en movilidad Juan Arias, actualmente circulan alrededor de 500.000 vehículos registrados en el Distrito Metropolitano. A estos se suman miles que ingresan desde otras provincias. Además, cada año se incorporan aproximadamente 30.000 vehículos adicionales al parque automotor de la ciudad.
“Eso genera una presión muy fuerte sobre la infraestructura vial. Las calles y avenidas no crecen al mismo ritmo que el número de autos”, explica.
El efecto del Pico y Placa
Uno de los factores que explica el incremento del tráfico los fines de semana es la eliminación de la restricción vehicular que opera de lunes a viernes.
Arias señala que aproximadamente el 20% del parque automotor corresponde a vehículos que no pueden circular diariamente debido al sistema de Pico y Placa. Sin esa limitación durante sábado y domingo, todos esos autos vuelven a las calles.
“El fin de semana no existe esa restricción, entonces en horas pico, sobre todo al mediodía, se ven volúmenes de tráfico más grandes que en algunos días hábiles”, explica el especialista.
Ese horario coincide con el momento en que muchas personas salen a realizar compras, visitar familiares o trasladarse a actividades recreativas dentro y fuera de la ciudad.
Comportamiento vial
Además del número de vehículos, Arias advierte que existen problemas de comportamiento vial y control que empeoran la congestión.
Uno de los casos más comunes ocurre cuando los conductores avanzan en una intersección sin tener espacio para continuar, bloqueando el cruce.
“Si un vehículo se queda en la mitad de la intersección, por ejemplo entre las avenidas Amazonas y Naciones Unidas, porque no quiso esperar el semáforo, termina colapsando todo el cruce”, explica.
Para el especialista, ese tipo de infracciones debería ser sancionado con multas automáticas mediante sistemas tecnológicos, algo que ya ocurre en otras ciudades.
También señala que el estacionamiento indebido en las vías reduce la capacidad de circulación y agrava los embotellamientos.
“El vehículo que se parquea donde no está permitido también debería tener una sanción automática. Con esas medidas se puede mejorar muchísimo la capacidad de las vías”, sostiene.
¿Pico y Placa también los fines de semana?
Ante el crecimiento constante del parque automotor, Arias considera que, en el largo plazo, la ciudad tendrá que debatir medidas más estrictas para controlar la circulación.
Entre ellas, incluso la posibilidad de extender el pico y placa a los fines de semana.
“Quito no tiene la capacidad de ampliar su infraestructura vial al mismo ritmo al que ingresan los vehículos. Es una discusión que tarde o temprano se tendrá que dar”, afirma.
Infraestructura pendiente
El especialista también identifica obras que considera claves para descongestionar el tránsito en la capital.
Entre ellas menciona el desarrollo de la Troncal Metropolitana, una vía paralela a la avenida Simón Bolívar que permitiría aliviar el tráfico hacia los valles orientales, una zona de crecimiento acelerado de la ciudad.
Otra obra prioritaria sería la vía Guayllabamba, que conectaría el centro-norte de Quito con el aeropuerto de manera más directa.
Además, señala la necesidad de construir pasos a desnivel e intercambiadores en puntos críticos, como el sector de Miravalle en la avenida Oswaldo Guayasamín (Interoceánica), o nuevos intercambiadores en la avenida Simón Bolívar a la altura de San Vicente y Llano Chico.
“Hay temas de gestión, de control y de infraestructura. Todos son importantes si queremos mejorar la movilidad”, resume.
Un problema que no se resuelve solo el fin de semana
Para la especialista en movilidad Gladys Meléndez, el congestionamiento del tráfico no es un problema que pueda resolverse únicamente con medidas específicas para sábados y domingos.
“La congestión no es algo que se elimine fácilmente. Lo que se hace es gestionarla”, explica.
A su criterio, el tráfico de los fines de semana es el reflejo de una política de movilidad que durante la semana sigue privilegiando el uso del vehículo privado.
“Si de lunes a viernes promovemos una movilidad basada en el auto particular, lo mismo va a pasar el fin de semana, pero incluso aumentado”, señala.
Meléndez explica que los patrones de desplazamiento cambian durante los fines de semana.
Mientras en los días laborales predominan los viajes por trabajo o estudio, sábado y domingo están más asociados a actividades de ocio, compras o visitas familiares.
Eso provoca que muchas personas se movilicen hacia centros comerciales, restaurantes o zonas recreativas, lo que incrementa la presión sobre ciertas vías.
“También hay que preguntarse hacia dónde se está moviendo la gente. Muchas veces tienen que salir hacia los valles para encontrar espacios de recreación”, indica.
Meléndez explica que el fortalecimiento del transporte público es una de las soluciones más importantes para reducir la congestión vehicular.
Según datos del Plan Maestro de Movilidad, el 70% de los quiteños se moviliza en transporte público, mientras solo el 20% utiliza vehículo privado.
Sin embargo, cuando se analiza el número de vehículos en circulación, la diferencia es notable: más de 500.000 autos privados frente a apenas unos 3.500 buses de transporte público.
Para Meléndez, esa relación evidencia una fuerte inequidad en el uso del espacio vial.
“El transporte público mueve a la mayoría de personas, pero tiene una participación muy pequeña en la flota vehicular”, explica.







